Museo de Arte Moderno de Trujillo

Un sueño privado en imágenes

Por Luis Eduardo García

Miércoles 7 de noviembre de 2007 por Camaleon

Hace un año, el pintor Gerardo Chávez materializó uno de sus ideales artísticos y continuó con un legado cultural que suma más de dos mil años de historia.
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Gerardo Chávez en el Museo de Arte Moderno de Trujillo

En 1983, la lenta y sosegada vida cultural de Trujillo sufrió un fuerte remezón: un grupo de ciudadanos liderados por el pintor Gerardo Chávez organizó la Primera Bienal de Arte Contemporáneo con la asistencia de connotados artistas del Perú y Latinoamérica. El éxito fue tan resonante que los gestores del evento montaron una segunda y tercera versiones.

Casi dos décadas después, sus efectos pueden rastrearse en distintas direcciones. La bienal imprimió, sin duda, un aire de renovación a la pintura trujillana y dotó a las artes plásticas peruanas en general de un aire más cosmopolita. El solo hecho de que los más importantes pintores contemporáneos exhibieran sus obras en esta antigua ciudad del norte, varió radicalmente el rumbo de su tradición pictórica. Solo así pudo sacudirse de la influencia costumbrista que la tenía atenazada por largo tiempo.

Tras esa primera y extraordinaria experiencia, Gerardo Chávez materializó un segundo sueño: un Museo del Juguete, y luego de este un tercero: un Museo de Arte Moderno. Su idea inicial era exhibir al gran público su valiosa colección personal de artistas hispanoamericanos y europeos, pero poco a poco el proyecto fue desbordándolo hasta convertirse desde hace un año en el primer museo de arte moderno de nivel internacional que tiene el Perú.

El museo es, además de un recinto que alberga de forma permanente pinturas y esculturas, una joya arquitectónica diseñada por Guillermo Morales García y financiada totalmente por el artista trujillano. Está ubicado a diez minutos del centro de Trujillo, en el kilómetro 5 de la carretera a Laredo, integrado a un paisaje de verdes campiñas y campos de cultivo. El área total que ocupa es de 1,7 hectáreas, de las cuales 654 m² han sido construidos como galerías. El resto del terreno está dedicado a jardines y áreas de exhibición al aire libre.

Una impresionante escultura de bronce recibe a los visitantes a la entrada. “El guardián” la llama el pintor. Se trata de un minotauro verde al que Gerardo Chávez ha impreso las características de sus seres “espermáticos”. La concibió primero como una estatuilla de 20 centímetros (una maqueta) pero luego, fiel al llamado de su mundo cinético y surrealista, esculpió otra con dimensiones colosales. En realidad es imposible eludir la presencia perturbadora de este fálico celador de sueños ajenos.

En la primera sala se han distribuido dibujos, litografías y acuarelas de Eduardo Moll, Chávez, Agustín Cárdenas, Christian D´Orgeoic, Lunven y del yugoslavo Vladimir Velickovic. De este último destaca su obra Nacimiento (1975), una suma de ágiles trazos anatómicos y matemáticos que reproducen con extrema crudeza el momento en que una mujer pare a una rata y a un niño. El dibujo narra una historia fantástica y horrorosa al mismo tiempo: la doble vida que le espera al ser humano en la sociedad tecnológica.

El museo tiene una estupenda luminosidad gracias a la precisa ubicación de tragaluces y ventanas, las salas son amplias y los techos muy altos. Las paredes exteriores están revestidas de yeso y barro. Este último elemento ha sido utilizado para guardar armonía con el entorno sociocultural y el medio ambiente. Uno de los centros neurálgicos de la cultura mochica fue precisamente el valle donde está enclavado el edificio, en él se ubican además algunas de las huacas trazadas por los antiguos arquitectos preincas.

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