ARTISTA

Tierra de sombra, Héctor Acevedo

Por Manuel Munive Maco

Domingo 23 de agosto de 2009 por henry

JPG - 21.2 KB
Pasajero de la memoria, 2009.
Óleo a la cera de 155 x 220 cm.

Aunque se puede detectar en varias de sus primeras obras, es en el conjunto de las pinturas recientes de Héctor Acevedo donde la nocturnidad es tan patente y homogénea que se revela como el signo bajo el cual el artista convoca y erige –o sueña– su mundo. Esta sensación prevalece incluso en aquellas pinturas donde predominan colores distantes de lo oscuro. Y cuando sus escenas parecen transcurrir bajo una dudosa hora diurna, las focalizadas sombras de los rostros de sus personajes bastan para “nocturnizarlas”, como si la noche emergiera desde ellos. Pero además de las sombras son también responsables de ese efecto las parcas actitudes, los gestos esquivos, las miradas de soslayo; la permanente sensación de que ocultan Algo [1].

Se equivoca quien cree que esta pintura representa un ámbito de la felicidad o del amor, aunque tampoco se le puede culpar de esa fallida primera impresión pues la factura preciosista del autor y un inventario de sus elementos induce a esa lectura: sus personajes, hombres y mujeres jóvenes, anhelan aparentemente establecer contacto, una “cercanía”, en medio de una naturaleza habitada por una fauna compuesta por criaturas que suelen ser benévolas para los seres humanos o que, en el peor de los casos, están a merced de su mudable humor.

Pero en verdad, los personajes desean y también temen involucrarse nuevamente con otros y eso los ha vuelto dubitativos, indirectos, oscuros. Los animales tienen una participación curiosamente activa: los corceles –con apostura masculina– transportan a ingrávidas mujeres; los perros, que para algunas culturas cumplen la función de ser guías de las almas hacia el más allá, se encuentran expectantes con las féminas y muy atentos al revoloteo de unos pajarillos alarmados en quienes recae la responsabilidad de distraer y, sobre todo, silenciar delicadamente a estos hombres y mujeres, colocando sobre sus labios una diminuta hoja recién arrancada. En este gesto –una especie de regla de silencio forzada– podemos interpretar que en el juego del amor las palabras sirven para mentir y que más vale callar.

(...) artículo completo en la revista

[1] También algunos de los títulos apuntan en ese sentido: Amante nocturno, Cazadores de sueños, Paseo de medianoche.


Introducción | Contacto | Mapa del sitio | visitas:290297

     RSS es RSSNúmeros Anteriores RSSARTMOTIV 07 RSSarticulos

C artmotiv fd camaleon comunicacion