BIENAL

Sentimientos encontrados: Octava Bienal de Arte de Panamá

Por Carla García de los Ríos

Domingo 2 de noviembre de 2008 por Camaleon

A ocho años de la entrega del Canal y del desalojo de las bases militares estadounidenses, la Bienal de Arte de Panamá da paso a un cuestionamiento en torno a las condiciones bajo las cuales la historia política panameña y su imaginario cultural se han ido infiltrando en los territorios de la antigua Zona del Canal.
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Roman Ondak, PTY Bienal.
Foto: Francisco Barsallo.

En esta octava edición los organizadores del evento se la jugaron: apostaron a un tema, abrieron el compás para artistas extranjeros y ampliaron notablemente el programa educativo. Cabe mencionar que Panamá es un país comercializado hasta el tuétano, en donde el arte y la cultura no son prioridad, más bien son asignaturas pendientes. Teniendo esto en cuenta, la Bienal de Arte es un contexto múltiple para crear sentimientos encontrados, ya sea por el “nacionalismo” o por la incapacidad de lectura de las piezas por parte de un público acostumbrado a las bellas artes tradicionales.

Curada por Magali Arriola, El dulce olor a quemado de la historia es la exhibición principal de un conjunto de tres. La muestra opera conceptualmente en dos niveles que se conectan. Por una parte, artistas familiarizados con la “zona” dialogan directamente con la historia y el presente de dicho territorio y, en otro plano, artistas internacionales –dado su desconocimiento sobre la “zona”– proponen intervenciones que, desde sus latitudes diversas, generen especulaciones acerca del significado de este tipo de transacciones geográficas.

Un chino y un burro de más de dos metros de alto le dan la bienvenida al visitante; esta escultura rinde tributo al capítulo inaugural de nuestra relación con Estados Unidos. Abner Benaim deja el video y conceptualiza este hecho levantando un monumento a los que usualmente no tienen uno.

Roman Ondak, poéticamente, recrea en video la idea de reclamar un territorio que fue dividido por la construcción del Canal; mediante el epostracismo, la obra hace referencia al pasado político de la “zona” y a sus consecuencias en el presente.

Una serie de afiches creados por Jonathan Monk anuncia que el pintor y fotógrafo estadounidense Richard Prince es “zonian”. Sean Snyder utiliza la ocupación militar norteamericana fuera de su territorio para mostrar en video el impacto que estas invasiones dejan en zonas de Alemania, Bulgaria, Corea del Sur y Japón, tal como lo hicieron con Panamá.

Los lienzos arrojados al mar por Mario García Torres con la esperanza de ser arrastrados a tierra firme y enviados al museo, son fantasmas en los bastidores vacíos que cuelgan en la exposición. Donna Conlon evoca la sensación de la fiebre amarilla a través del sonido y la temperatura. Rich Potter presenta un corto de ficción en donde el imaginario de la “zona” es el hilo conductor entre sus personajes. Jonathan Harker hace un ejercicio de muralismo conceptual en el que la frase “Home go gringo” aparece y desaparece sobre un muro que una vez fue límite entre la antigua zona y la ciudad de Panamá.

(...) artículo completo en la revista


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