Proyecto Hospital

Sandro Aguilar

Texto por José Donayre Hoefken

Miércoles 7 de noviembre de 2007 por Camaleon

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Hospital
Hospital es una serie de 12 fotos de 60 x 45 cm y una secuencia de 30 x 160 cm (2007)

Grafo del desahucio

Todo va bien en el orden teórico de los libros: la salud es el estado en que el ser orgánico ejerce normalmente sus funciones; un hospital es el establecimiento destinado al diagnóstico y tratamiento de enfermos, donde a veces se practican la investigación y la docencia. Pero cierta luz malsana, cierta indolencia y ciertos males incurables descubiertos por un ojo aguzado fuerzan los términos hacia acepciones que pulsan el desahucio y el deterioro. Así suele jugar la realidad para producir las más hórridas pesadillas.

Sandro Aguilar, mediante Hospital , no solo hurga en el abandono y el olvido, sino que hace de lo mórbido –en sus diversos matices– un hilo para salir “ileso” del laberinto de aquellas pesadillas. Sobre este basamento, Aguilar rescata y proyecta una historia. Este relato, si bien no retrata personas, registra sus huellas, sus hedores y fluidos, sus lamentos, y sus esperanzas. Se trata, sin duda, de una historia de ausencias que protagonizan el drama de sobrevivir, pero con un color muy peculiar, pues estas, al ser denotadas, adquieren la categoría de presencias y, posteriormente, de personajes, en las variaciones de sombras, espectros y otras posibilidades de profana epifanía.

La propuesta de Aguilar –con visos de búsqueda o exploración– es tanto compleja como desgarradora: descubrir a los personajes a partir de las cicatrices, traumas, traumatismos y dolores del observador-lector. El rostro sugerido en la fotografía “Habitación” [1], el melodioso espectro que se insinúa en el pasillo en la secuencia Notturno dal sogno di una notte di mezza estate , el mandil en “Rayos X”, la herida tan humana sobre el muro en “Techo” y los arañazos cinéticos en el vidrio en “Ventana” son los registros más obvios de los personajes de esta historia poco feliz y muy intensa llamada Hospital .

En otra dirección, la luz en el consultorio de la imagen “Silla” carga la atmósfera hasta la frontera de la irrealidad, anulando todos los objetos, salvo la silla, para convertirla en fatal instrumento para dilucidar o esclarecer mezquinas verdades a toda costa y a cualquier precio. En este punto, Aguilar toca las fibras más expuestas del espectador, pues aquí la luz no significa ni verdad ni salvación, sino tortura o sometimiento, por cuanto se carga de un sentido completamente opuesto al de la tradición religiosa o feérica, o sea, como forma degradada de energía.

(...) artículo completo en la revista

[1] Este y los demás títulos de las fotografías de Hospital no son propuestas de Sandro Aguilar, sino del autor de este texto para un claro y ordenado comentario de las imágenes.


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