“No están ni vivos ni muertos, son desaparecidos”

Claire Luna, NYC

Sábado 16 de junio de 2007 por Camaleon

La tristemente célebre –hoy emblemática– frase fue pronunciada por el dictador Rafael Videla ante la televisión argentina en 1985, en respuesta a los familiares de las víctimas del gobierno militar.

Los Desaparecidos, exhibición itinerante curada por Laurel Reuter, es una re-acción visual al considerable número de gente “desaparecida” o muerta en América Latina como consecuencia directa, la mayor parte de veces, de las luchas antisubversivas que dictaduras como la de Videla pusieron en marcha en la región entre fines de los años 1950 y 1980. Organizada por el North Dakota Museum of Art se presenta ahora en Nueva York, en el Museo del Barrio, hasta el 17 de junio del 2007.

La exposición reúne la obra de 14 artistas contemporáneos, originarios de siete países –uno de América Central (Guatemala) y los otros de América del Sur (Colombia, Venezuela, Uruguay, Argentina, Brasil y Chile): Marcelo Brodsky, Luis Camnitzer, Arturo Dulcos, Juan Manuel Echavarría, Antonio Frasconi, Nicolás Guagnini, Nelson Leirner, Sara Maneiro, Cildo Meireles, Óscar Muñoz, Iván Navarro, Luis González Palma, Ana Tiscornia y Fernando Traverso– e incluye la instalación colectiva Identidad, de 13 artistas argentinos.

Los medios artísticos empleados son diversos: dibujos, grabados, fotografías, instalaciones u otros más hibrídos, menos clasificables. Pero el leitmotiv sigue siendo el conglomerado de rostros, cuerpos, nombres, objetos/fetiches, fotos y tantos otros motivos que recuerdan las huellas identitarias de las víctimas.

Identidad (1998), instalación de reconocidos artistas argentinos militantes de los derechos humanos, parece haber llamado en particular la atención del público: se trata de una suerte de friso que se despliega a lo largo de cien metros de los salones de exposición, a la altura de los ojos del espectador, compuesta de fotos de rostros de parejas desaparecidas, intercaladas con espejos de similar dimensión. Los espejos corresponden a los hijos que faltan. De este modo el espectador, convertido en protagonista, proyecta el reflejo de la imagen de su rostro en el espacio libre –vacío– del espejo, entre los desaparecidos. La experiencia es impactante. El álter ego desaparecido.

Los artistas, de cerca o de lejos, han sido todos tocados por los duros eventos de esos años: algunos tuvieron familia o amigos que desaparecieron; otros, incluso, formaron parte de la resistencia. De allí, probablemente, su impactante fuerza, su dramatismo sincero. Pero más allá de la historia individual estas obras convocan la memoria de varios pueblos. Creemos que es una buena ocasión para que el público pueda enterarse o recordar la violencia de esos años, violencia que, como en el caso de Colombia, persiste aún hoy en día. En palabras de Nietzsche, hay que “convocar a la historia para condenar y hacer una obra”.

En ese sentido, cabe plantearse una pregunta: ¿A qué tipo de necesidad responde el acto de recordar? Pues hay distintas maneras de recordar. Esta vía, la artística, responde a la violencia, apela a la memoria y en tal sentido es un acto político, con peso y valor propios. Pero de igual modo existen también, con peso y valor propios, el mérito y el alcance artístico de las obras. Recordar, en latín, es volver a pasar por el corazón: re-cordaris. La razón y la emoción, la memoria y el sentimiento. Se trata de re-presentar y transmitir algo que, seguramente, muchos prefieren olvidar. Se trata de volver a pasar por el corazón, para nunca más olvidar. Pero el recuerdo, en tanto que subjetivo, puede ser parcial.

Nos preguntamos si este es el caso en la muestra. Algo en la selección de la curadora, Laurel Reuter, nos extraña: ¿Por qué no figura ningún artista peruano? ¿Olvido o deliberada omisión? ¿Acaso Perú no vivió también una feroz etapa de violencia, y su consiguiente corolario de dramas, por el accionar de Sendero Luminoso en los años ochenta? Esto no obstante que la elección pareciera focalizarse en América del Sur: siete de sus países son representados contra uno de América Central. No puede ser un olvido, es una opción. ¿Cuál es esta opción? ¿Cuál es la motivación de esta opción?

Finalmente debemos destacar el programa educativo que acompaña la muestra con el propósito de fomentar el diálogo acerca de un tema tan importante: el museo proyecta una serie de películas, organiza visitas comentadas para todo público, conciertos de música en vivo y en particular un debate con la participación de los artistas, moderado por Andreas Huyssen, profesor de la Universidad de Columbia.

Para más informaciones puede consultarse el catálogo bilingüe con textos de Laurel Reuter y Lawrence Weschler, reportera política para el New Yorker durante 20 años y que actualmente dirige el New York Institute for Humanities de la Universidad de Nueva York.


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