Los dibujos de Rhony Alhalel: apuntes de viaje y bitácora interior
Domingo 2 de noviembre de 2008 por Camaleon
Ver es pensar, pensar es viajar, viajar es compartir una relación con la realidad cambiante, en el tiempo y en el espacio, con uno mismo y con el otro, lo Otro… en simultáneo.
Ver lo otro es verse a sí mismo.
Rhony Alhalel
Viajar-ver. Ver(se)-representar. El epígrafe constituye una declaración de principios. En esta, Rhony Alhalel (Lima, 1959) manifiesta su voluntad de observación, de reflexión (en su sentido etimológico ‘repliegue’) y de simbolización (nuevamente, atendiendo al étimo: ‘coincidencia’, ‘juntura’). En el trabajo de Alhalel, el dibujo constituye un medio de integración de pares a los que la necesidad de esclarecimiento suele transformar en dicotomías: el yo y el otro (que se reflejan mutuamente de manera especular); la sincronía y la diacronía (que convergen en un momento puntual plasmado en la obra); la contemplación y la acción (en tanto instancias sucesivas de incubación y ejecución del trabajo). En realidad, estas categorías tan caras al pensamiento occidental resultan artificios acaso insuficientes para alcanzar una aproximación cabal al vasto horizonte del dibujo del artista.

- Serie Paisajes mentales, Camino a la luz, 2006.
- Grafito y punta de plata sobre papel, 1.25 x 5.85 m
El incansable viajero asume el rol de testigo o, mejor, de activo cronista. La necesidad de registro, de captación de resonancias interiores frente a una visualidad fugaz, lo impele a dibujar a bordo de aviones, trenes o ferries sus Paisajes mentales. En otras ocasiones, Alhalel hace del entorno natural su lugar de trabajo, como ocurre con la serie Minutos de horizonte, realizada a campo raso en la paradójica geografía de Islandia, donde se complementan la gelidez polar y la energía volcánica. No se trata, ciertamente, de ejercicios de mímesis, es decir, de meros intentos de imitar la naturaleza sobre el soporte. La oferta (u ofrenda) de Alhalel al espectador trasciende este nivel de pericia técnica: es la carga vital la que anima estas obras que, conjuntadas, devienen un cuaderno de bitácora, una detallada narración del viaje interior alentado por el largo periplo internacional. Lima, Reikiavik, Nueva York o Kioto constituyen algunas de las estaciones donde el artista itinerante responde a las realidades subjetivas, culturales o paisajísticas con su producción de dibujos en grafito, tinta y aun óleo sobre papel.
La temática aborda dos motivos fundamentales: por un lado, el cuerpo; por otro, el espacio, en sus dos vertientes de paisaje y arquitectura. La figura humana es planteada como un gesto lineal continuo, que hace prevalecer el movimiento y propicia la interacción –en ocasiones bajo la forma de un erotismo sugerido como vía de conexión con lo absoluto–. Los personajes de Alhalel –como ocurre en la serie Planos compartidos– solo conservan el equipamiento indispensable para su danza existencial, de raigambre matisseana: la esencia del contorno, la sensualidad de la línea rítmicamente quebrada. Así, la figuración queda situada en las lindes de lo abstracto. En otros dibujos –es el caso de las series Minutos de horizonte y Camino a la luz– la propuesta lineal y las interacciones de los personajes así configurados ceden el lugar a las siluetas, a las sombras y, en definitiva, a la confrontación del individuo con su propia, inexorable condición de tal. Ahora los personajes de Alhalel saben que se salvarán o condenarán solos. Habitan la naturaleza, la ciudad o, en otro grupo de trabajos, una abominable combinación de ambas que hace evocar los campos de concentración –por antonomasia, los del Holocausto, pero en general cualquier espacio destinado al confinamiento, al truncamiento de la libertad como forma suprema de violencia–. No obstante, la serie que genera estas asociaciones se titula Camino a la luz. Pareciera que el artista estuviese lanzando un manifiesto en favor de la resiliencia, es decir, la capacidad de sobrellevar creativamente las situaciones más adversas, los traumas aparentemente irreparables; se trata de una forma intensa de rebeldía, de afirmación de la vida frente al embate de lo tanático. En el decidido claroscuro, la luz se impone por el camino empinado de la violencia ejercida contra estos personajes que, como es usual en la iconografía de Alhalel, nos convocan sin identificarse ni diluirse en una narrativa concreta: carecen de rostro, son sencilla y universalmente humanos.
(...) artículo completo en la revista
Foro
-
Los dibujos de Rhony Alhalel: apuntes de viaje y bitácora interior16 de noviembre de 2008, por Gerardo Salazar MalbasaLas medidas que indican al pie del dibujo "Camino a la Luz" no corresponden a la proporción que se ve en la publicación digital. Me interesaría conocer las medidas correctas del excelente dibujo de Rhony Alhalel
