Giorgio di Giovanni
Miércoles 7 de noviembre de 2007 por Camaleon
La obra de Di Giovanni invita a una mirada reflexiva e intuitiva. Se trata de una pintura de fuertes contrastes en color, de búsqueda de texturas y de la liberación de la forma común. Sus personajes son siempre obscuros y abstractos, podríamos decir que algo deformados, enmarcados en un movimiento disperso y estático a la vez. Lo que denominamos cotidianidad se encuentra transfigurado en un nuevo lenguaje.
Es interesante que el artista nomine las obras a modo de diario, no se sabe si consciente o inconscientemente, pero con una atractiva cualidad al estar aparentemente de acuerdo con la arbitrariedad del azar. De esta manera el libro que está leyendo o la serie de televisión que observó se vuelven parte fundamental de la narrativa que mantiene a lo largo de la muestra. Este es el caso de Bomarzo , nombre de la novela histórica del argentino Manuel Mujica Láinez que el artista se encontraba leyendo, aunque no se halla relación directa con el desfile de personajes que brillan como el fuego mientras andan en una procesión entre tinieblas. También está Cool Mc Cool , que hace alusión directa a los dibujos animados, quizás rememorando algún recuerdo o la experiencia viva frente al televisor. De los personajes nacen muchas veces nuevos seres fantásticos. En Western podemos ver que el toro está acompañado por un ser mágico que permanece estático en el aire. Así aleatoriamente se suman a la narrativa nuevos elementos que corresponden al azar y no a una relación arbitraria poética-imagen. Spaghetti Western es un juego de palabras que nos recuerda al western italiano que hacía Sergio Leone en los años sesenta. El artista transgrede la relación entre significado y significante y la entiende como un libre juego entre ambos, gesto que invita al espectador a aportar sus propios parámetros en cuanto a la observación de la obra.
En la obra de Di Giovanni se pueden rastrear los referentes del intimismo francés, desde la estética de Chagall por ejemplo, en trazo y textura. Su representación de la figura humana nos hace recordar a los cuchimilcos funerarios de la tradición Chancay y recurre al bodegón o a la mesa como bisagra liberadora de la inspiración: “Siempre he experimentado con las mesas, que he venido trabajando varios años, y también con el bodegón, que es un tema inagotable o básico para el pintor. Si uno no tiene nada en la cabeza, el bodegón da pie para muchas cosas”.
Bimini Road nos hace acordar al estridente –y excelente dibujo– del alemán George Grosz, en la época en que publicó Ecce Homo . Libertad y frescura, intimidad y misterio, hermanados con las técnicas surrealistas. El trazo rudo del artista revela lo que tiene esta pintura desde el inconsciente.
