Entrevista con Andrés Bardon
Miércoles 18 de noviembre de 2009 por henry

- Hall de entrada Arteclasica08 (edición anterior) Instalación Landmark Isabel Espinoza
¿La pluralidad de tendencias y de culturas y que, a su vez, todo eso se conjugue con lo comercial, se dio desde el inicio?
Eso se dio a priori, porque fue un mandato desde la organización, una especie de directiva. Si bien Argentina es un faro cultural –en realidad Buenos Aires, porque el resto del país está bastante olvidado–, la mentalidad del porteño o del argentino en general, a nivel comercial, no es la que puede llegar a tener un noruego. No es por nada que somos del tercer mundo. Los lenguajes plásticos van a la vanguardia, comparados con el gusto de la gente o incluso con la crítica. La crítica de arte, normalmente, va detrás; se teoriza una vez que la obra está hecha, no antes. Entonces, si tengo que venderle a la gente lo que le gusta, tengo que mostrar tanto los lenguajes más tradicionales como los más nuevos. Los tradicionales porque dan cierta seguridad, en tanto la calidad en la obra esté nivelada, y por otro lado tengo que mostrar lo nuevo porque lo que quiero es generar gusto. Vale decir que tengo la obligación de trabajar de esta manera porque no estamos en Tokio. Si uno se acuerda de dónde vive y de quién es va a lograr mejores cosas si las hace de manera acorde con su propio medio. Esa es la directiva de ARTECLASICA, desde el 2003 cuando la pensé.
Primero se hizo en el Palacio San Miguel y ahora pasó a un lugar más masivo. ¿Eso fue pensado, a qué público está orientada?
No fue algo pensado, es que antes no daba para otra cosa. A mí no me importa sectorizar al cliente, al visitante, al que paga la entrada, porque no es justo. En realidad el arte no es para todos. Finalmente será para todos, pero dependerá de la persona que se ponga a la altura de las circunstancias. Yo no puedo ir a un barrio empobrecido, donde no hay agua ni baño, llevar a un artista contemporáneo y esperar que les guste. No es para todos en ese sentido. Pero intentamos que de alguna manera se vaya democratizando lo más posible. Desde un punto de vista sociopolítico, el arte debe estar al alcance de todos los que de a poquitos se vayan acercando a él. Tampoco nosotros somos el Ministerio de Cultura, pero sí quiero que la feria sea grande, en el sentido de que la puerta sea ancha. Naturalmente, los coleccionistas y los compradores de obra van a ser menos que los que van a disfrutar del paseo. Pero esa es una cuestión obvia que ocurre en toda feria.
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