Enrique Polanco La casa de cartón
Miércoles 20 de mayo de 2009 por henry

- Enrique Polanco, Todo, menos morir
Una de las más representativas novelas de vanguardia latino-americana, vertida al papel en 1928 por Rafael de la Fuente Benavides –Martín Adán– sigue hablando con voz clara y visionaria, dando vida en clave de humor y poesía a nuevos abordajes de sus letras, como esta vez lo hace a través de la plástica del notable Polanco.
La muestra, titulada como el libro, fue albergada por una sala del segundo piso del Ministerio de Relaciones Exteriores y estuvo compuesta por doce cuadros –diez acrílicos dispuestos como collage, además de un óleo sobre tela de gran formato– que interpretan pasajes de la obra enunciada. La conversación entre Polanco y Adán en esta puesta es rica y fluida, pues tanto la parodia de la moral religiosa como el estilo de vida de la vieja plutocracia limeña –elementos centrales en la novela– son sensibles al pincel de Polanco, quien aporta además una pátina de nostalgia en su afán por reconstruir fielmente los escenarios del libro, y revitaliza el amor al absurdo en las visiones de Martín Adán, las mismas que transitan el cinematógrafo, el antaño boulevard Proust, las cándidas bañistas, un aleteo sonoro de beatas y sacristanes, Napoleón, Whitman y otras fantásticas evocaciones como la de Lulú, y su primer amor de uñas negras.
Diríamos entonces que la narrativa de Polanco en esta muestra honra la asociación libre, las impresiones inconexas, la ausencia de una temporalidad lineal a cambio de la introspección proustiana –o el viaje de la memoria a través de los sentidos–, lo mismo que la ironía, de la cual no diremos que se adueña, pues también es marca de fábrica del pintor. La afinidad entre ambos autores es patente en esta noble fusión de horizontes de sentido.
La potencia de la palabra imperecedera le aporta al texto de Martín Adán la cualidad de clásico, lo mismo que el vibrante pincel de Polanco, en una deliberada puesta en valor de La casa de cartón, cuyo registro bien podría convertirse en un volumen de lujo o bien en una bandera ondeando desde una avioneta que surca el acantilado y que reza: Todo, menos morir.
Por Vania Portugal Larco
