
Componer un anagrama consiste en la permutación de todas las letras de una o más palabras para crear otras diferentes de sentido propio, cuyo significado puede ser afín o estar en contraste con el original. No se puede excluir que alguien pueda encontrar un anagrama sin conocer el nombre del juego ni sus reglas porque es posible componerlo siguiendo una vocación personal de manipulación del lenguaje, poniendo en acción un juego espontáneo con las palabras. El anagrama es una potencialidad preexistente de la lengua, intuitiva como la silabación; por tanto, cualquier vocablo puede ser reinventado por cualquier persona en cualquier momento.
En la corriente artística surrealista el anagrama fue reconocido como una proposición alternativa a la escritura automática, convirtiéndose en una nueva metáfora del flujo libre del pensamiento, por su aptitud de liberar al yo del control de la razón. Para André Breton, estas palabras que afloran inesperadamente de otras, y su incapacidad de someterse a una única interpretación, son un mundo infinito y rico que anima la vida cotidiana. Aspectos como la brevedad, la condensación y la creación de contrastes internos en los textos explican que el mundo de la realidad no podría ser susceptible de compararse en riqueza con el universo lingüístico. Por eso el anagrama es un modo de traer el maravilloso surrealismo a la vida. Reciprocidades estilísticas, literarias e iconográficas entre el cuerpo anatómico de Hans Bellmer y el cuerpo de texto de Unica Zürn pueden ser reconocidas en la confrontación directa entre la obra anagramática de Zürn y la de la escultora argentina Virginia Tentindò.
Hans Bellmer ayuda a revolucionar la práctica anagramática en la primera mitad del XX y constituye uno de los ejemplos más discutidos en las relaciones que su trabajo tiene con el psicoanálisis freudiano. Él representa la acción del inconsciente sobre la anatomía convirtiéndola en el terreno donde se encuentran y se unen objetivo y subjetivo, interior y afuera. Bellmer adapta la aplicación de la técnica literaria no a la palabra sino a la imagen, aunque sus primeros enfoques a la figura de estilo traten el texto escrito. El tratamiento típico de la composición de los anagramas plásticos evoca la teoría formulada por el artista en La petite anatomie de l’image, estudio donde Bellmer explica cómo, a su parecer, el cuerpo es un anagrama; entonces, por semejanza al cuerpo lingüístico, es una frase potencialmente fragmentable.
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