ICPNA, San Miguel Curaduría: Dorota Biczel y Emilio Tarazona del 7 al 30 de agosto 2009

Crisis in Progress

Entre la inquietud y el espasmo

Miércoles 18 de noviembre de 2009 por henry

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Crisis in progress

La neblina ha sido, este año, más que una condición climática de las primeras semanas del otoño, una metáfora casi profética de los meses sucesivos. A la distancia, algo parecía comerse la ciudad, desaparecerla, revelando una condición atmosférica de la que podían emerger nuevas presencias en medio de un paisaje que, hasta ese momento, en el Perú, se suponía despejado y en crecimiento continuo. Envueltos en el contexto, la alusión es aun poderosa: todo parecía cubrirse de cierta inquietud y de cierto espasmo, inducidos simultáneamente por la dificultad de observar nítidamente el entorno más allá de unos pocos metros.

En efecto, la nitidez de la crisis parece haberse instalado recientemente en el discurso del gobierno, alterando radicalmente la idea difundida anteriormente de que el país se encontraba en una situación privilegiada e invulnerable a sus influjos. La niebla se disipa siempre por un lado para envolver otros territorios acaso más cruciales o problemáticos –como las fricciones creadas por la sobreexplotación de los recursos naturales o de grupos sociales enteros, que inciden sobre el tema siempre presente de la exclusión– y los medios de comunicación juegan aquí un papel importante en esa conocida estrategia.

En el discurso de políticos y agentes financieros, las palabras “progreso” o “crecimiento”, frecuentemente utilizadas para referirse al desarrollo del país –con su alusión al movimiento hacia adelante o al proceso orgánico y biológico–, reflejan un tipo particular de dominación cognitiva sobre el uso del lenguaje. Ellas pueden parecer apropiadas después de que la modernidad las ha deslizado en el habla cotidiana. Por el contrario, “crisis” podría resonar como la ruptura o interrupción de un proceso. Todas esas palabras reflejan una miopía del sistema de valor dentro del capitalismo neoliberal, orientado a una maximización de beneficios sobre lo invertido en el tiempo más corto posible. En este sistema, el Producto Bruto Interno (PBI) es usado de manera recurrente para hablar del bienestar del país, donde el sentido del “valor” es definido solo en la dimensión monetaria del dogma económico, la que tiende a analizar el mundo inestable de los cambios y flujos de la vida cotidiana desde una abstracción en cifras.

Cuando las personas, la naturaleza y la cultura son sometidas a las leyes de la economía neoliberal devienen en recursos utilizables para la producción de objetos o servicios dentro de la lógica del mercado y del consumo, y a su vez en instrumentos para toda especulación financiera. Una continua explotación que incrementa los beneficios de diferentes tipos de capital (natural, humano o cognitivo) y que tiende a mantener y reproducir del orden social existente. El punto medular de los recientes enfrentamientos en Bagua afirma un componente local que se resiste a convertirse en materia prima para extinguirse y volverse una moneda virtual visibilizada solo en diagramas o índices de “desarrollo” propagados por el gobierno. Un riesgo decisivo aquí es el derecho (sin alusión a orientación política alguna en este término, usado para referirnos a las normas jurídicas establecidas universalmente para los seres humanos) a concebir un propio sistema de valor expresado en un lenguaje también propio, no restringido por los requerimientos de las políticas de expansión neoliberales. Si el valor del medio ambiente y de la tierra constituye el corazón del conflicto en la selva, una pregunta aquí es si un desplazamiento e inflexión similares –contrarios a una evaluación basada en el rédito inmediato de lo invertido– son también posibles (y cómo) desde el interior (o desde los márgenes) del sistema artístico.

En efecto, la crisis está trabajando, significativamente, en la tarea de dinamitar los consensos que parecen haber investido de cierto optimismo acrítico a las perspectivas abiertas por los nuevos circuitos económicos y ámbitos de difusión para la práctica artística local surgidos en los últimos diez años. Se trata aquí de buscar otras coordenadas para nuevas expectativas –ajenas a las que caracterizan toda cotización o proyección bursátil– y contribuir al trazado de futuros que, a diferencia del sistema prepotentemente impuesto como modelo de civilización, sean sostenibles. Hasta hoy, estas sociedades emergen fuertemente en el deseo, en la imaginación que moviliza los actos concretos y, más allá de toda incertidumbre, oponen la esperanza al propio miedo.

Colectiva: Félix Álvarez, Luz María Bedoya, Miguel Cordero, Nicole Cuglievan, Carlos León-Xjiménez, Miguel López López, Christians Luna, Alfredo Márquez, Ishmael Randall Weeks, Janine Soenens y Eduardo Villanes.

por Emilio Tarazona


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