[A modo de ensamblaje]

Breves indicaciones para reconstruir un objeto esquivo

Por Emilio Tarazona (Lima)

Lunes 11 de junio de 2007 por Camaleon

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La muerte de la pintura
Gloria Gómez-Sánchez, 1965

Este apunte divaga sobre de las condiciones de producción del arte contemporáneo. Lo anima el propósito de bosquejar un aspecto significativo del modo en que se ha establecido la relación entre los artistas y los materiales de los que se han servido desde el inicio de las vanguardias artísticas del siglo XX. Considero que la modalidad de esta relación les permitió a estos, por un lado, desbordar el repertorio de soportes físicamente constitutivos de sus trabajos así como, en su momento, intentar eludirlos dentro del conceptualismo más extremo, configurando con ello un territorio que permanece suspendido a medio camino entre las esferas tanto objetual o formalista como cognitivas y sociales de las obras. Se apoya además, inicialmente, en la constatación de que gran parte de la radicalidad con la que irrumpieron hace más de cuarenta años los llamados no-objetualismos resulta en la actualidad un hecho del pasado y que estos han sido ya, en su mayoría, plenamente inscritos en –o deglutidos por-, el trepidante crecimiento de la vida artística, cultural y particularmente económica del circuito artístico internacional [1].

[1] Veinte años atrás, en el último número de la emblemática y solitaria iniciativa de Utópicos, partes de la editorial [Gustavo Buntinx] rezaban: “Existe por cierto una práctica ideológica de la cultura en la que los artistas (a quienes en estos casos preferimos llamar operadores culturales) intentan evadir la producción única de objetos y mensajes destinados al consumo pasivo de los receptores. En esa actitud dirigida hacia la elaboración de situaciones antes que de obras, en ese tránsito de la cultura como espectáculo a la cultura como acción, el arte nominalmente dejaría de ser un sucedáneo infame para convertirse en práctica crítica y vital de lo cotidiano. Este es el horizonte de las propuestas no-objetuales que procuran trasladar la rebeldía del estilo al propio material del discurso artístico. Sin embargo, el arte también se apoya en la compleja trama de relaciones sociales y económicas que en última instancia hace[n] posible el universo segregado de la representación. Hoy es ya evidente que, para ser efectiva la negación del soporte físico debe integrarse a la subversión de aquél amplio soporte social que le da origen.” En: Utópicos (entornoalovisual) n°4/5, Lima: dic. 1984. (El énfasis no se destaca en el original).


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