ARTISTA

Brechas y muros

Por Adrienne Samos

Lunes 18 de agosto de 2008 por Camaleon

Mi tarea no es fácil: Jonathan Harker y su obra resisten cualquier intento de categorización. En pocos años este joven artista ha producido perversiones híbridas que hacen buen uso de sus múltiples talentos. ¿Cómo definirlo? Puedo decir que Harker es tanto videasta como performer como dibujante como fotógrafo como artista conceptual como instalador como escritor… que a través de sus distintas personas (en el sentido junguiano del término) cuestiona los juegos de poder y las identidades culturales forjadas en nuestra sociedad subdesarrollada y a la vez globalizada, ultraurbanizada, hipercapitalista… que todo lo hace con fuertes dosis de humor, desenfado y osadía crítica, con una paradójica intensidad lúdica… y sobre todo, con una mirada humana, demasiado humana, diría Nietzsche.
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Postales de Panamá. 2001
Postales impresas. 10 x 15 cm

¿Cómo lo hace? Examinemos algunos ejemplos concretos: Todos los gastos pagos (2002) se concibió en una inspiración súbita. Harker fue invitado a la I Bienal Ceará América, en la boyante ciudad costera brasileña de Fortaleza, y llegó con un proyecto bajo el brazo que involucraba artesanos regionales, pero que resultó demasiado complejo de realizar en tan breve tiempo. De repente se le ocurrió asolearse en la playa, como tantos turistas (y participantes en la bienal, “con todos los gastos pagos”), pero de manera sistemática, durante siete días consecutivos, y al final de cada jornada se tomaba una fotografía. Resultado: siete imágenes del tórax desnudo, que documentan los cambios en su piel. El políptico en gran formato, y de contradictorio talante metódico y travieso, puso en perspectiva dos realidades casi opuestas pero en cercana proximidad espacio-temporal: la de una minoría elite (incluido el mundo del arte) frente al arduo entorno socioeconómico de la región.

El artista también desliza contradicciones en el video Destablishing Shots II , cuyo título es una inversión del término establishing shot. Aquí fusiona imágenes en secuencia de casas y edificios en la ciudad de Panamá(nos vamos dando cuenta de que las tomas están trocadas para mostrar una cuasi-simetría irracional e inquietante) con la música y letra de Panamá viejo , tradicional y cursi canción que alaba la antigua capital arrasada por piratas ingleses en el siglo 17. Letra y música aparecen por separado: la letra primero, con acento estadounidense computarizado, y después la música de órgano que todo panameño mayor de 30 años ha oído mil veces. Panamá vieja y nueva; ingleses, españoles y gringos; música y letra… dislocaciones que provocan una zozobra tenuemente alucinada y hablan de las continuas intervenciones foráneas que han mutilado y transformado nuestro paisaje urbano, desde el pasado remoto hasta un presente caótico y en crecimiento desmesurado.

En la misma línea temática, Harker está trabajando en un video que le tomará tiempo y gran dedicación. Involucra la complicidad estrecha con los trabajadores de la construcción de uno de los tantos rascacielos de lujo que vemos levantarse día a día en Panamá a ritmo escalofriante. La pieza consistirá en una toma única (mediante un ascensor especial) que recorrerá lentamente, de abajo hacia arriba, cada uno de los pisos (que luego serán vendidos a precios colosales) del edificio en construcción, ofreciendo un retrato vivo de quienes diariamente y durante meses trabajan y comparten un ambiente de una monumentalidad y peligro extremos, por un salario mínimo y sin seguridad laboral; una vez terminado el edificio no pueden ni entrar. Con ello, el artista busca crear una metáfora de la rígida jerarquía clasista panameña y a la vez un documento de notable valor estético y humano.

Es imprescindible subrayar que para la ejecución de sus obras Harker comparte, sin cesar, ideas y obras con artistas, amigos, diseñadores, estudiantes, rockeros, curadores, trabajadores manuales… quien se le pare enfrente. Además, salta proteicamente de actividad en actividad, y no distingue entre una pieza de arte “formal” y afilarse los dientes caninos, recrear múltiples personajes ficticios, hacer postales, cómics y portadas para álbumes o revistas, y concebir acciones, encuentros, conciertos. De hecho, muchas de las obras que llegan a formalizarse, empiezan para él como una aventura creativa. Así, podría afirmarse que Harker vive dentro de su arte, es decir, que está empeñado en hacer de su vida un artwork in progress, reinventándose hasta el absurdo y explorando al máximo las posibilidades del ser y el hacer.

(...) artículo completo en la revista


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