Ángel Valdez Tres al cubo
Miércoles 20 de mayo de 2009 por henry

- Ángel Valdez, Santísima Trinidad
La revelación a través de la repetición. Esta muestra se enfoca en un tipo de manifestación sobrenatural, sostenida en el contexto histórico del arte popular, del arte virreinal y del barroquismo híbrido de la versión postmoderna de la cosmovisión actual, mostrando una fuerte relación entre lo mágico, lo religioso y lo postmoderno.
Desde el 2001 empezó a desarrollarse el proyecto “A Imagen y Semejanza” (AI y S), iniciado en su momento por Alfredo Márquez, Ángel Valdez y varios otros artistas como Carlos Lamas, Marcel Velaochaga, Alex Ángeles. Utilizaron esta fórmula bíblica para representar una matriz cultural y política marcada por densas pulsiones neobarrocas, que han llamado la atención, en muchos casos de manera perturbadora, en la escena artística peruana.
Este desarrollo vuelve a un movimiento tan importante como el pop peruano de inicios de la década de los ochenta, donde la narrativa sostenida en la propuesta visual tiene un fuerte componente popular. Esto se logra al utilizar el componente religioso como punto de partida, complementándolo luego con elementos visuales de la guerra civil terrorista que comenzara en la mencionada década.
Hay un marcado tono apocalíptico muy mediático que se imprime en la copia de la obra antigua. En ese sentido, el panorama de la representación se vuelve más cultural y se apoya en las imágenes que componen la cultura popular de tres etapas marcadas por grandes diferencias: la virreinal, la moderna (aparición de medios) y la postmoderna (vivencias recientes e hibridación cultural).
La idea de revelación numerológica está presente en todas las épocas y es de gran interés en la actualidad. Se pone de manifiesto la integración de tres personalidades de identidades distintas. Existe una diferenciación alegórica: anciano, joven y ángel. Así, en esta propuesta, el Espíritu Santo con su sutileza de paloma se transforma en un cóndor, en un pelícano o en un pavo real. La magnificencia de Dios se reduce a escala humana y se interpreta a través de un personaje como Stephen Hawking, un genio con esclerosis múltiple progresiva que reduce y contrae su cuerpo. El cambio se da desde el punto de vista visual, cambiando el ícono con el fin de agregarle un nuevo significado; sin embargo, en esencia, la doliente de Rwanda sigue siendo la Virgen María. Quizá el esfuerzo esté orientado a humanizar aún más la santidad, hacerla más accesible, más palpable.
Técnicamente estas imágenes brindan el efecto visual de un negativo fotográfico o de una impresión mal acabada. Esto, sumado a la lluvia ácida de íconos prehispánicos, coloniales y contemporáneos, y a muchos códigos e ideogramas, crea en definitiva una imagen perturbadora, en algunos casos psicótica e inconsciente, en vista de que el efecto es tanto conceptual como visual.
La desacralización del mito se ha vuelto intensa y le ha dado una sensación apocalíptica innegable, la ruta será sacralizarlo de nuevo para salvarnos del Apocalipsis; misticismo matemático o realidad palpable, a través del miedo o de la fantasía de violencia tras la experiencia. Esta muestra, perturbadora por momentos, no trae un mensaje claro para todos los públicos, pero sí plantea temas reflexivos contemporáneos y críticos más allá del contenido visual y estético, llevando a la galería algo más que su forma cerrada y exigiendo algún tipo de participación del público.
Por Carlos García Montero

