ARTISTA

Andriy Halashyn Utopías parciales

Por Lino von Saegner

Miércoles 20 de mayo de 2009 por henry

Los nuevos milenios anuncian grandes desórdenes a nivel planetario, nuevas guerras, nuevas catástrofes, nuevas contingencias sociales. Y, con los nuevos milenios, aparece también la voluntad de moldear la imagen de la sociedad a partir de un ideal ético y estético; se definen los trazos de un mundo basado en conceptos completamente renovados de la justicia y de la felicidad. No es un programa, ni una ideología, ni una estrategia para afianzar un criterio, sino la esperanza de una renovación en el momento en que un desarrollo fracasa, la reafirmación tautológica para validar las utopías como lugares que pueden existir.
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Dior & Gaza Life, 2009.
Óleo sobre lienzo, 150 x 150 cm

Los cuadros de Andriy Halashyn (Ucrania, 1979) recrean escenas futuristas que nos parecen extrañamente familiares. Sus lienzos nos remiten a una convivencia de diversos tiempos, con sus respectivos estilos, que van creando escenas narrativas más complejas. En la serie Garbage el artista evoca una Venecia que sirve de marco a imágenes de niños que juegan entre desechos, ante la indiferencia de turistas y transeúntes. Los elementos que mejor reconocemos son las ruinas de cierto clasicismo conviviendo con imágenes más terribles, relacionadas generalmente con el fotoperiodismo. Los edificios, los canales, los puentes remiten a la arquitectura italiana que ha sido una forma empírica de educar nuestra sensibilidad; y, de pronto, vemos desdoblarse en tiempos sucesivos aparatosos hitos culturales, legados de un pasado portentoso, hasta convertirse en un lote turístico y finalmente en un vertedero de basura.

Bucles, repeticiones temáticas y resonancias estilísticas colaboran en el estruendo ambiental de estos cuadros, que el artista trastoca con significaciones de origen virtual o mediático. En esta proliferación de referencias y estímulos que abarcan varias épocas y varias latitudes, adelanta un proceso histórico, el de la expansión de una subjetividad cada vez más homogeneizada por el sistema de producción y de consumo masivo. Sin embargo, no se limita a criticar estos tiempos que –cabe mencionarlo– han abierto una simultaneidad entre el bien y el mal, recreando una especie de Edad Media contemporánea donde la barbarie se codea con la abundancia. En los cuadros de Halashyn se establecen las nuevas condiciones perceptivas de la sociedad postindustrial: son cuadros elaborándose, son facturas que dejan espacios libres, en proceso, un vasto espacio autónomo para una nueva producción de imágenes.

(...) artículo completo en la revista


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