Abstracción y figuración en la obra de Ricardo Wiesse
Sábado 26 de mayo de 2007 por Camaleon

- Sin título
- 1989 Técnica mixta sobre lienzo 176 x 149 cm
¿Puede un artista peruano –con todo lo que implican esta condición y circunstancia–, luego de adquirir un lenguaje propio, identificable y relativamente aceptado por el mercado, permitirse un viraje radical en su propuesta? Esta podría haber sido la pregunta que flotó en las mentes de algunos –o muchos– espectadores, críticos y eventualmente coleccionistas de arte luego de la visita a Pachacamac pintado (2001). Esta muestra de Ricardo Wiesse, bipersonal con el pintor croata Darko Dovidjenko, pudo ser interpretada en múltiples direcciones. Entre estas, cabría la lectura de la exposición como el inicio de una nueva etapa, cancelatoria de la anterior –la abstraccionista–, por saturación de parte del artista con el lenguaje que cultivó desde sus inicios en la profesión, o bien por agotamiento del mismo lenguaje en sus posiblidades de indagación y expresión.
Ricardo Wiesse Rebagliati (Lima, 1954) es uno de los artistas plásticos más importantes de la escena peruana. Su trayectoria se inicia con los estudios universitarios en la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP), pero debe rastrearse hasta la matriz familiar, con el fin de alcanzar un entendimiento cabal de los orígenes del interés del artista por la costa peruana. La hacienda Buenavista, ubicada en el valle de Chao (departamento de La Libertad), era propiedad de la familia de la abuela paterna del artista, y fue, como las demás haciendas costeras que vertebraban el patrimonio de la élite criolla, objeto de la reforma agraria emprendida por el gobierno del general Juan Velasco (1968 – 1975). De niño, Wiesse vivió sus primeros años en este entorno rural, al que continuó yendo durante la adolescencia. La huella del paisaje costeño, de los arenales silenciosos, el mar y los intermitentes valles, así como su patrimonio arqueológico, había sido impresa de manera indeleble en la sensibilidad del futuro artista plástico; en términos del humanismo alemán, en su bildung [1].
Wiesse encontró en la PUCP un clima propicio para el esclarecimiento vocacional, el adiestramiento técnico y la formación de una severa disciplina, merced a la enseñanza del fundador de la Facultad, Adolfo Winternitz. El maestro enfatizaba la asunción del arte como forma cuasi religiosa de asumir la experiencia estética y la actividad plástica verificable en la producción de obra. En otras palabras, Winternitz no ofrecía a sus discípulos una mera enseñanza de las reglas del oficio, o la transmisión de su testimonio de pintor abstraccionista y notable vitralista; proponía más: optar por el arte de manera radical, esto es, entenderlo como una forma de articular la conciencia y dar sentido a la existencia. A sus aportes se sumaron los de Alejandro Alayza, con quien Wiesse compartió la pasión por la pintura de caballete. Complementariamente, la participación de Fernando de Szyszlo, en calidad de jurado, apoyó al joven Wiesse en la elucidación de los problemas inherentes a la formación universitaria (1972 – 1978).
[1] Podría objetarse que esta referencia a la “novela familiar” de los Wiesse nos aparta de un análisis iconográfico inmediato, pretendidamente objetivo, de la producción plástica del autor. Sin embargo, queda claro que no conviene soslayar la importancia de la microhistoria para comprender el artefacto artístico, en especial desde la aceptación del psicoanálisis como herramienta metodológica para la Historia del Arte.
